En una pacifica comunidad de Irlanda; llegó una mujer de negocios; decidida a arrasar con el lugar instalando un prostibulo. Segun decía tenia una idea revolucionaria que iba a cambiar el negocio.
Comenzó trayendo algunas personas, para publicidad, algunos para hacer gestion de mercadeo, y hombres de la construccion.
Compraron una casona a medio derruir, y empezaron a remodelarla. Los habitantes estaban expectantes ante tanto alboroto; pronto llegarian algunos rumores que mientras los trabajadores de la construccion remodelaban el prostibulo; la mujer de negocios traeria a sus "artistas".
Agunos señores mayores, en apariencia jubilados, comenzaron a hacerse aparecer en el pueblo; En esa comunidad se conocian todos, y una cara nueva es llamativa. Andaban de aca para allá haciendo tramites, interactuando con el pueblo en general, averiguando precios de alquiler.
Pronto llamo la atencion que los veteranos; salian a correr todas las mañanas con la mujer de los negocios, siempre con mas de un celular; hablando rapidamente y haciendo preguntas concisas y claras. Salia con una vincha blanca en la frente y su pelo en una cola, y los veteranos la seguian detrás con un ritmo uniforme.
Tambien los podian ver en el gimnasio, levantando pesitas, haciendo spining o nadando.
Todo el pueblo se preguntaban quienes eran y que iban a hacer.
Los trabajadores de la construccion terminaron de remodelar el local.
Había una inaguracion del nuevo local; era el fin de semana siguiente; y en toda la semana el pueblo estuvo en vilo, solo concentrado a todos los detalles de el lugar que parecia que iba a arrasar con cualquier tipo de evento que haya pasado antes.
La noche de inaguracion; había un 2x1, algunos curiosos, otros mas audaces, fueron haciendo presente en el puticlub.
Solo que fueron por prostitutas y se encontraron con que los protagonistas del prostibulo eran los veteranos traidos especialmente. Ahi estaban perfumados, con sus boinas, sus alpargatas, acodados al mostrador, hablando del mundial del 86, contando historias de nietos rebeldes y jubilaciones miseras.
5 Dias estuvo abierto el prostibulo. Nadie afirma haber ido. Alguien dijo que vieron algunas salir de ahi, pero por la otra puerta. El periodico local no publico nada.
El 6 dias, mientras los camiones se iban, algunos veteranos se volvian en auto para su nuevo destino, la mujer de negocios antes de entrar en su limosina; miró el local; inmaculado; totalmente nuevo, pero totalmente vacío.
"Fue una mala idea" - Dijo.
Y entró en la limo, abandonando el pueblo.
sábado, 9 de abril de 2011
domingo, 3 de abril de 2011
A modo de disculpa.
Ayer fui a un cumple. Lo de siempre, cuentos, anecdotas, opiniones generales, morfar como un chancho, tomar algo, torta, quelocumplafeli, quelocumplafeli, quelocumplaquelocumplafeli, abrime que arranco, chau, beso nos vemos. Obviamente mucho mas, pero a grandes rasgos es eso.
La cosa es que arrastro un sentimiento de culpa que me horada como si fuera un puñal, o una noche con Zulma Lobato, lo que sea peor, por la omision de un acto que yo creí necesario.
Como ciudadano de este monton de cemento, al que muchos llaman Montevideo, otros capital, siempre consideré que el uruguayo está más dispuesto a quejarse del error que a reconocer una buena gestion o una buena acción, muchas veces nos reconocemos grises debido a nuestra imposibilidad de distinguir el cambio; establecemos las cosas como absolutas, de eso a etiquetar hay un paso, y entonces es cuando aceptamos con una resignación de tragedia griega que todos los gallegos son brutos, que los italianos son sucios y gritones, que los franceses son infieles, que los negros son ladrones y vagos; y más cerca, que la gente que vive en el interior es ingenua e ignorante, que los funcionarios públicos se rascan todos, que los politicos son todos mentirosos, que los barrabravas son todos guapos, que los "pesados" vienen de los barrios más "pesados".
También afirmamos con propiedad que los taxistas son cagadores, que los choferes son unos animales manejando (aunque no conozco a nadie que dude de la legitimidad de la libreta del chofer de omnibus, es como que saben manejar pero no quieren manejar bien¿?).
Y en estos últimos me quiero detener. A vos, guarda del 148 con destino Aduana, que pasaste por millan y bulevar a la 1 y 15 de la madrugada y que tenías un arito en la oreja izquierda: Hiciste un excelente trabajo, una excelente gestion. Llevar con buena onda y mucho respeto (me metió un "hola buenas noches" que me desubicó de arranque nomás, y un "aca está su boleto", que me hizo acordar a aquí esta su disco) en un bondi lleno de adolescentes, con las hormonas a flor de piel, y no cagarlos a chumbazos es un excelente trabajo.
Desde el principio del viaje, me dije que lo iba a felicitar. Me adentré en la maraña de rulos traspirados, cerquillitos a lo Palermo, perfume en cantidades industriales, con un olor tan dulce como para empalagar un osito cariñoso. Una vez agarrado del clasico caño lo pispie de nuevo a nuestro protagonista. Subía más gente, y el con un "hola buenas noches, aca está su boleto, un paso más al fondo por favor" manejaba con la habilidad de un director de orquesta, y la frialdad de un cirujano, la horda de adolescentes que no sabían si, bajarse, reirse, tocarse, bajarse y reirse, tocarse y reirse o las tres cosas al mismo tiempo.
Dos guachas se rieron, con una mezcla de vergüenza y exitación. Un guacho le gritó de una punta del omnibus a otro que no la ponía hace como tres meses. "Anda a la concha de tu madre mongólico" le encajo el aludido, haciendo gala de una retórica que envidiaría Kissinger. Giro mi cabeza hacia nuestro heroe, y seguía en la misma: "Buenas noches, muchas gracias, aca esta su boleto, pasamos al fondo...".
Estuve casi diez paradas, pensando en como lo iba a felicitar, si lo iba a felicitar, si no quedará muy ridiculo, si pensara que me lo quiero levantar, si me daría bola. Dije, lo hago, no lo hago, se vino mi parada, y me entrepare frente a su silla. Buenas noches, atiné a decir pisando la calle. "Buenas noches" alcancé a escuchar cuando volvía a arrancar el bondi.
La timidez pudo más.
La cosa es que arrastro un sentimiento de culpa que me horada como si fuera un puñal, o una noche con Zulma Lobato, lo que sea peor, por la omision de un acto que yo creí necesario.
Como ciudadano de este monton de cemento, al que muchos llaman Montevideo, otros capital, siempre consideré que el uruguayo está más dispuesto a quejarse del error que a reconocer una buena gestion o una buena acción, muchas veces nos reconocemos grises debido a nuestra imposibilidad de distinguir el cambio; establecemos las cosas como absolutas, de eso a etiquetar hay un paso, y entonces es cuando aceptamos con una resignación de tragedia griega que todos los gallegos son brutos, que los italianos son sucios y gritones, que los franceses son infieles, que los negros son ladrones y vagos; y más cerca, que la gente que vive en el interior es ingenua e ignorante, que los funcionarios públicos se rascan todos, que los politicos son todos mentirosos, que los barrabravas son todos guapos, que los "pesados" vienen de los barrios más "pesados".
También afirmamos con propiedad que los taxistas son cagadores, que los choferes son unos animales manejando (aunque no conozco a nadie que dude de la legitimidad de la libreta del chofer de omnibus, es como que saben manejar pero no quieren manejar bien¿?).
Y en estos últimos me quiero detener. A vos, guarda del 148 con destino Aduana, que pasaste por millan y bulevar a la 1 y 15 de la madrugada y que tenías un arito en la oreja izquierda: Hiciste un excelente trabajo, una excelente gestion. Llevar con buena onda y mucho respeto (me metió un "hola buenas noches" que me desubicó de arranque nomás, y un "aca está su boleto", que me hizo acordar a aquí esta su disco) en un bondi lleno de adolescentes, con las hormonas a flor de piel, y no cagarlos a chumbazos es un excelente trabajo.
Desde el principio del viaje, me dije que lo iba a felicitar. Me adentré en la maraña de rulos traspirados, cerquillitos a lo Palermo, perfume en cantidades industriales, con un olor tan dulce como para empalagar un osito cariñoso. Una vez agarrado del clasico caño lo pispie de nuevo a nuestro protagonista. Subía más gente, y el con un "hola buenas noches, aca está su boleto, un paso más al fondo por favor" manejaba con la habilidad de un director de orquesta, y la frialdad de un cirujano, la horda de adolescentes que no sabían si, bajarse, reirse, tocarse, bajarse y reirse, tocarse y reirse o las tres cosas al mismo tiempo.
Dos guachas se rieron, con una mezcla de vergüenza y exitación. Un guacho le gritó de una punta del omnibus a otro que no la ponía hace como tres meses. "Anda a la concha de tu madre mongólico" le encajo el aludido, haciendo gala de una retórica que envidiaría Kissinger. Giro mi cabeza hacia nuestro heroe, y seguía en la misma: "Buenas noches, muchas gracias, aca esta su boleto, pasamos al fondo...".
Estuve casi diez paradas, pensando en como lo iba a felicitar, si lo iba a felicitar, si no quedará muy ridiculo, si pensara que me lo quiero levantar, si me daría bola. Dije, lo hago, no lo hago, se vino mi parada, y me entrepare frente a su silla. Buenas noches, atiné a decir pisando la calle. "Buenas noches" alcancé a escuchar cuando volvía a arrancar el bondi.
La timidez pudo más.
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