domingo, 3 de abril de 2011

A modo de disculpa.

Ayer fui a un cumple. Lo de siempre, cuentos, anecdotas, opiniones generales, morfar como un chancho, tomar algo, torta, quelocumplafeli, quelocumplafeli, quelocumplaquelocumplafeli, abrime que arranco, chau, beso nos vemos. Obviamente mucho mas, pero a grandes rasgos es eso.

La cosa es que arrastro un sentimiento de culpa que me horada como si fuera un puñal, o una noche con Zulma Lobato, lo que sea peor, por la omision de un acto que yo creí necesario.
Como ciudadano de este monton de cemento, al que muchos llaman Montevideo, otros capital, siempre consideré que el uruguayo está más dispuesto a quejarse del error que a reconocer una buena gestion o una buena acción, muchas veces nos reconocemos grises debido a nuestra imposibilidad de distinguir el cambio; establecemos las cosas como absolutas, de eso a etiquetar hay un paso, y entonces es cuando aceptamos con una resignación de tragedia griega que todos los gallegos son brutos, que los italianos son sucios y gritones, que los franceses son infieles, que los negros son ladrones y vagos; y más cerca, que la gente que vive en el interior es ingenua e ignorante, que los funcionarios públicos se rascan todos, que los politicos son todos mentirosos, que los barrabravas son todos guapos, que los "pesados" vienen de los barrios más "pesados".

También afirmamos con propiedad que los taxistas son cagadores, que los choferes son unos animales manejando (aunque no conozco a nadie que dude de la legitimidad de la libreta del chofer de omnibus, es como que saben manejar pero no quieren manejar bien¿?).

 Y en estos últimos me quiero detener. A vos, guarda del 148 con destino Aduana, que pasaste por millan y bulevar a la 1 y 15 de la madrugada y que tenías un arito en la oreja izquierda: Hiciste un excelente trabajo, una excelente gestion. Llevar con buena onda y mucho respeto (me metió un "hola buenas noches" que me desubicó de arranque nomás, y un "aca está su boleto", que me hizo acordar a aquí esta su disco) en un bondi lleno de adolescentes, con las hormonas a flor de piel, y no cagarlos a chumbazos es un excelente trabajo.

 Desde el principio del viaje, me dije que lo iba a felicitar. Me adentré en la maraña de rulos traspirados, cerquillitos a lo Palermo, perfume en cantidades industriales, con un olor tan dulce como para empalagar un osito cariñoso. Una vez agarrado del clasico caño lo pispie de nuevo a nuestro protagonista. Subía más gente, y el con un "hola buenas noches, aca está su boleto, un paso más al fondo por favor" manejaba con la habilidad de un director de orquesta, y la frialdad de un cirujano, la horda de adolescentes que no sabían si, bajarse, reirse, tocarse, bajarse y reirse, tocarse y reirse o las tres cosas al mismo tiempo.

Dos guachas se rieron, con una mezcla de vergüenza y exitación. Un guacho le gritó de una punta del omnibus a otro que no la ponía hace como tres meses.  "Anda a la concha de tu madre mongólico" le encajo el aludido, haciendo gala de una retórica que envidiaría Kissinger. Giro mi cabeza hacia nuestro heroe, y seguía en la misma: "Buenas noches, muchas gracias, aca esta su boleto, pasamos al fondo...".
Estuve casi diez paradas, pensando en como lo iba a felicitar, si lo iba a felicitar, si no quedará muy ridiculo, si pensara que me lo quiero levantar, si me daría bola. Dije, lo hago, no lo hago, se vino mi parada, y me entrepare frente a su silla. Buenas noches, atiné a decir pisando la calle. "Buenas noches" alcancé a escuchar cuando volvía a arrancar el bondi.





La timidez pudo más.

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